{Crítica} “The Hateful Eight”: El Único Problema Fue Un Primer Acto Demasiado Largo


THE HATEFUL EIGHT

Una de las películas más ansiadas en las salas de cine durante 2015 fue la última escrita y dirigida por Quentin Tarantino, “The Hateful Eight”, cuyo guion se filtró en internet antes de su rodaje, al igual que el producto final fue pirateado antes de su estreno. La película tenía todas las características de superar las pasadas obras del director, pero creo que en esta ocasión Tarantino cometió un grave error desde el guion, manteniendo un primer acto demasiado largo, sin grandes puntos de inflexión, para descargarnos toda la acción en un corto segundo acto, que sin duda fue excelente, pero hubiésemos deseado que se repartiera ese ritmo y dinamismo narrativo durante todo el relato.

El relato inicia mostrando los códigos gráficos (créditos iniciales) con una estética de cómic muy característica en ciertas películas del director y una musicalización que tal vez nos hace recordar a alguna serie ochentera. El género dominante —el western—, se mezcla con un tipo de road movie en gran parte del primer acto, cuando el cazarecompensas John Ruth (interpretado por Kurt Russell) transporta a su prisionera Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh) en una carroza tirada por caballos, y en el camino se topa con el mayor Warren (Samuel L. Jackson) y el nuevo alguacil Chris Mannix (Walton Goggins), a quienes a regañadientes transporta hasta un refugio, donde se detiene para dejar pasar la tormenta de nieve.

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“The Hateful Eight” se caracteriza primordialmente por escenas extensas de diálogos, un estilo narrativo muy propio de Tarantino, con su típico humor sádico, a través del cual se va generando el misterio, porque no sabemos cuál va a ser la reacción causa/efecto de esa escena, cuyas conversaciones entre los personajes aumentan la tensión. Esto se observa una vez llega el cazarrecompensas al refugio con su prisionera, el mayor y el alguacil, y se topan con otros desconocidos, de quienes inmediatamente John Ruth desconfía, por temor a que estén allí para robarle a su prisionera y cobrar la recompensa. Desde ese momento, el ritmo del guion cambia. Empieza un juego de intriga que se asemeja a la película (y juego de mesa) “Clue”, en el cual los personajes y el espectador tratan de descifrar quién o quiénes son los asesinos encubiertos. Es entonces cuando la película empieza a tornarse interesante. Ahora queremos saber qué sucede, por qué sucedió y, sobre todo, cómo sucedió.

Tarantino recurre a varios recursos narrativos utilizados de forma anárquica, que no responden a una recurrencia, sino que a veces pareciera que fueron incluidos para ayudarlo a concluir la historia, que de otro modo se haría más extensa. Por ejemplo, ya casi finalizando el segundo acto, o de hecho, para introducir el clímax de la historia, Tarantino hace uso de un narrador omnisciente, que no había sido usado antes y que de hecho es él mismo, y también recurre al uso del flashback, ambos para explicar cómo llegó la banda de los Domergue al refugio antes que Ruth con su prisionera, el alguacil y el mayor. El recurso no está mal utilizado, porque más o menos nos saca de la estructura clásica, pero parece fortuito, más que intencional. Esto no quita que haya sido sin duda el mejor momento de la película.

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Como era de esperarse, “The Hateful Eight” es realmente violenta y grotesca, no solo a nivel visual con los constantes golpes que se le dan a Daisy Domergue, en una recurrencia visualmente masoquista, o con los episodios de vómitos de los personajes al ser envenenados, o con la sangre que siempre es protagonista de Tarantino, reproduciéndola cual película clase B de los ochentas; sino también a nivel verbal, con el énfasis continuo en comentarios racistas a los afroamericanos y mexicanos (que evidentemente no son el sentir del director, sino que están justificados por la época en la que se ambienta la historia, que es durante la Guerra Civil estadounidense, a mediados del siglo XIX). Otro aspecto visualmente grotesco, y en mi opinión, fuera de lugar e innecesario, fue la escena en que el mayor Warren trata de provocar al general Sandy Smithers (Bruce Dern), narrándole cómo fue que humilló a uno de sus hijos, obligándolo a que le practicara sexo oral. No tengo idea qué llevó a Tarantino a incluir esta escena, pero me pareció dislocada respecto al resto de la historia, casi que provocando también una reacción en los espectadores.

En cuanto a las actuaciones, no cabe duda que Tarantino tiene una forma de caracterizar a sus personajes casi que de la misma forma, adaptados a cada tiempo y espacio de sus historias. El ejemplo más claro es el del verdugo Oswaldo Mobray (Tim Roth), cuya caracterización era muy similar a la del Coronel Hans Landa en “Inglourious Basterds” y al Dr. King Schultz en “Django Unchained”, ambos personajes interpretados por el magistral e incomparable Christoph Waltz (quien de hecho ganó Oscar por ambas películas). La mujer también es muy importante en sus películas, si no lo más importante. Siempre son caracterizadas como mujeres groseramente fatales. Para muestra, un botón: Uma Thurman en “Kill Bill Vol. 1 y 2”, Salma Hayek en “From Dusk Till Dawn”, Mélanie Laurent en “Inglourious Basterds” y Kerry Washington en “Django Unchained”. Y “The Hateful Eight” no es la excepción; Jennifer Jason Leigh es una mujer dura, que a pesar de ser violentamente maltratada, nos deja claro que no se dejará abatir por ningún hombre. Lo que más gusta de su personaje es que es a todas luces la que destaca a nivel actoral en una historia donde predomina el “sexo fuerte”, y donde ella no representa en ningún momento un símbolo de debilidad, sino lo contrario. Jason Leigh definitivamente se lleva mis aplausos, y para mí es la merecedora del Oscar como mejor actriz de reparto, porque sin duda fue quien me mantuvo sentado al pendiente desde el inicio, y lo llevó a su máxima expresión con jocosidad y de manera simpática.

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Cabe destacar la originalidad de Tarantino de filmar en 70 mm, que la verdad se aprecian hermosamente en una sala de cine, potenciando una espléndida fotografía, especialmente en los espacios abiertos que suplantan los desiertos de John Ford, por la nieve, y cuya estética es reforzada con la excelente partitura musical de spaguetti western de Ennio Morricone. A pesar de sus problemas iniciales narrativos, “The Hateful Eight” está lejos de ser una mala película. Es una buena propuesta de western contemporáneo, con esos toques tarantinescos, cuyo término debería ser acuñado como un subgénero cinematográfico.

Rating07

Trailer:

Escrito Por: Enrique Kirchman

Categorías:Butaca: "En Escena"

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