Último Episodio De “Game Of Thrones”: Dejó Insatisfecho A Un “Espectador Loco”


Escrito Por: Enrique Kirchman

***Advertencia: Datos Importantes De La Serie Son Revelados***

‘The Iron Throne’ fue el episodio resolutivo de ocho temporadas de un juego despiadado, sangriento y traicionero, primordialmente, entre Lannisters, Starks y Targaryens, pero su cierre fue un tanto bondadoso, para una serie que siempre supo sorprendernos con giros trágicamente inesperados. Bran Stark queda como el líder de los “seis” reinos, mientras que su hermana Sansa se corona como reina del Norte en Invernalia y su hermana Arya se aventura al occidente en busca de nuevas historias que sugieren, tal vez, una secuela.

Tyrion Lannister sobrevive a toda su familia como la mano derecha de Bran, y lidera un consejo conformado básicamente por amigos y gente de confianza, que parecen inquebrantables e incorruptibles. Y Jon Snow, a quien le pertenecía el derecho al trono por linaje, se tuvo que conformar como el señor comandante de la guardia nocturna, que unificó soldados con salvajes, donde realmente, él siempre se sintió a gusto. Pero el espectador no quiere a un Jon Snow resignado, cumpliendo una pena, tal vez inmerecida, cuando todos se lo imaginaban —porque así nos lo pintaron— como el héroe de la historia. O sea, Jon Snow era para “Game Of Thrones” lo que Aragorn fue para “The Lord Of The Rings”: un líder, luchador, digno de seguir en batalla. Pero al final, Snow terminó siendo más sumiso que un hobbit. De ahí radica gran parte del enojo de los espectadores! Sin embargo, a mi parecer hay otros factores que también le jugaron en contra a la serie en esta octava temporada, que da la impresión de que fue concluida a las apuradas, desde el punto de vista del relato y la narrativa, con cierres muy abruptos y sosos.

De mujer empoderada a un cliché machista

Como ya he mencionado en artículos anteriores, “Game Of Thrones” se caracteriza por darle un papel importante a la mujer. Desde la sabiduría y fortaleza de Catelyn Stark en las primeras tres temporadas, hasta el rol determinante de mujeres como la bruja roja Melisandre, la bizarría de Arya, el temple de Cersei y el arco de transformación —de chicas sumisas y débiles a líderes implacables— de Sansa y Daenerys, por mencionar solo algunas de las protagónicas. Sin embargo, esa imagen fuerte que construyeron de la mujer a lo largo de siete temporadas, lo derrumbaron en esta última colocando a las archienemigas Cersei y Daenerys, los dos íconos contrapuestos, como un cliché y estereotipo femenino. Por un lado, Cersei siempre se mantuvo firme, calculadora, maquiavélicamente adelantada a los pasos de sus enemigos, pero al final, cuando requería de toda su astucia, actuó por impulso y arrebato, obsesionada con el poder, cegada por el odio, y casi que ni opuso resistencia. ¡Ni ella ni sus soldados que solían ser los más fuertes de los siete reinos! Huyó y murió como una cobarde, en los escombros, junto con su incestuoso amante, en una muerte no merecida a los ojos de los espectadores (la mujer más odiada de la serie, merecía una muerte más trágica y dramática).

Por otro lado está Daenerys, cuyo arco de transformación fue, literalmente, de mujer sumisa, a líder de la libertad, a loca peligrosa. Daenerys terminó sucumbiendo, al igual que Cersei, ante su obsesión por el poder, la venganza, el arrebato y el desamor. Se convirtió en un vivo ejemplo de las excusas machistas en la actualidad para no colocar a una mujer en puestos de liderazgos, ya sea como CEO de una empresa o presidenta de una junta directiva. Y esa representación que le dieron al final a la madre de dragones y reina de los siete reinos —y esto lo digo desde mi perspectiva masculina— me pareció fatal y de mal gusto dentro de la construcción de su personaje.

Fue hasta cierto punto predecible

Desde los inicios de esta temporada se hizo más claro que Daenerys no iba a sentarse en el trono de hierro. Y, juzgando por la actitud mediocre de Jon Snow, también se hizo obvio que él tampoco se sentaría. O sea que ahí no había sorpresa. Incluso se esperaba que Jon Snow fuera quien matara a Daenerys luego de la masacre en Desembarco del Rey. Me parecía la resolución obvia, parecida a la de Wolverine cuando le clavó sus garras al amor de su vida, Jean Grey, en “X-Men: The Last Stand” (2006), luego de que esta se convirtiera en Phoenix y masacrara también a humanos y mutantes. Estas obviedades nunca fueron parte del relato de la serie, que lograba sorprendernos e impactarnos temporada tras temporada. ¿Quién se iba a imaginar que a Ned Stark lo decapitarían en la primera temporada? ¿O que a Robb Stark, a su esposa y a su madre los apuñalarían en la boda roja? ¿O que Olenna Tyrell fuera la que envenenara a Jeoffrey Baratheon? Esto nos sacaba de nuestra zona segura, nos hacía repreguntarnos qué sucedería al final de cada temporada, pero en esta octava, por descarte, ya sabíamos quiénes no quedarían y, lastimosamente, eran los dos a quienes habíamos seguido desde el inicio de la historia.

Un rey sin empatía

Cuando Jamie Lannister empujó a Bran Stark de aquella torre en el episodio uno de la primera temporada, todos quedamos con la quijada en el piso. Nadie imaginó una escena tan inescrupulosa. A pesar del ambiguo protagonismo que Bran fue adquiriendo con el pasar de las temporadas, su papel en la guerra por el trono se hacía cada vez más confuso por el matiz espiritual y mágico que conllevaba. Aunque tenía a su favor el conocimiento de hechos futuros, sus hermanas y Jon Snow fueron cobrando mayor relevancia en la historia. El relato no enfatizaba, más allá de su caída de la torre, en que su personaje generara mayor empatía con el espectador, de ahí que cuando Tyrion Lannister sugiere que sea Bran el rey, el espectador no se siente tan complacido. Si el objeto de la discordia era el trono, ¿por qué dárselo a quien ni lo ostentaba ni le correspondía? Es cierto que Bran poseía la sabiduría y la bondad para ejercer el trono, pero tal vez si hubiesen enfatizado en eso antes, el espectador lo hubiese dirigido mejor, pero no fue el caso. Las apuestas estaban entre Jon Snow, Arya, Sansa e, incluso, Tyrion, que hubiese sido mi opción. Los guionistas quisieron dar un supuesto giro inesperado, pero mal infundado, que no fue trabajado en lo absoluto durante el relato de las pasadas temporadas, y pretendieron aclararlo con el discurso defensivo de Tyrion cuando lo proclamó.

La muerte de un héroe es más noble

Dejemos claro que “Game Of Thrones” es una serie de múltiples protagonistas —los Starks y Snow— que buscaban justicia. Snow llegó a liderar el protagonismo y, sin embargo, fue quien quedó más mal parado de todos. Al menos Daenerys murió como una mártir que siempre será recordada, más allá de sus últimos actos genocidas, como la liberadora de los esclavos y de los más débiles, pero Snow, cuyo linaje no se dio a conocer al resto de la población, fue sentenciado a una vida de servidumbre como guardián de la noche y su rostro en aquella escena final solo expresaba depresión y derrota. La reacción de los espectadores hubiese sido distinta si Snow hubiese muerto, como héroe, y no dejado vivo en una vida que aparenta ser miserable, mientras que el resto que lo siguió quedó en mejores condiciones. Narrativamente, esto tuvo un efecto negativo en el espectador.

El espectador se volvió tan loco y violento como Khaleesi

Al final de la historia, Khaleesi asumió la personalidad heredada de su padre, el Rey Loco, y se tornó violenta y macabra. Aunque el espectador condenó la actitud de Khaleesi en el episodio cinco de esta última temporada, muchos esperábamos que el último episodio ofreciera un final más trágico, sanguinario y sorpresivo. Tal vez un enfrentamiento sangriento entre Grey Worm y Jon Snow… Tal vez una rebelión de los inmaculados para vengar la muerte de su Khaleesi… Tal vez que Khaleesi intentara ejecutar a otro personaje importante, salvado al final por nuestro héroe o héroes… Pero esos retorcidos giros no fueron el caso de este final, y dejaron al “espectador loco” con ganas de ver ese nivel de tragedia. Todo fue muy romántico, incluso la muerte de Daenerys, y se perdió la intriga. Es cierto que algunas resoluciones nos produjeron satisfacción, por ejemplo que Tyrion siguiera aconsejando al rey y que Sansa lograra independizar al Norte, pero algunas otras situaciones no tuvieron un cierre apropiado: ¿A dónde se fue Drogon con el cuerpo de Daenerys? ¿Cuál es el rol de la guardia de la noche ahora que se aliaron con los salvajes y que no existen los caminantes blancos? Hay líneas para una secuela, la pregunta es si después de este final amargo, el espectador la querrá ver.

 

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