{Crítica} “Sound Of Metal”: Un Drama Frustrante, Pero Conmovedor


Foto: Riz Ahmed en una escena de “Sound Of Metal“.

Escrito Por: Enrique Kirchman

***Advertencia: Datos Importantes de la Película son Revelados***

El cine se prepara para ir seleccionando lo mejor de 2020 —si es que es posible rescatar algo bueno de ese año— para su temporada de premiaciones y, nosotros los críticos, cinéfilos y espectadores, podemos encontrar ya en plataformas streaming, varias de las películas que están dando de qué hablar. Entre esas se encuentra el drama “Sound Of Metal“, disponible en Amazon Prime Video, dirigida por el emergente Darius Marder y protagonizada por el ya conocido Riz Ahmed, a quien hemos visto en papeles secundarios en películas como “Nightcrawler“, “Rogue One“, “Jason Bourne” y “Venom“.

La premisa de “Sound Of Metal” aborda la vida de Ruben, un baterista de heavy-metal que ve alterado su estilo de vida nómada, de concierto en concierto, y su vida en pareja al experimentar la pérdida casi completa de audición. El filme es, sin lugar a dudas, una gran sorpresa, no solo por la experiencia que representa su visionado, sino  también por el nivel y la fuerza de las interpretaciones actorales. 

Cuando digo que es una experiencia, me refiero específicamente a las sensaciones psicológicas y emocionales que atravesamos los espectadores por medio de un dramático e interactivo diseño sonoro —como tal vez muy pocas veces lo percibimos en otros filmes— que nos hace sujetos activos, en cierta forma, del relato. Experimentamos el sonido subjetivo que recae sobre Ruben cuando pierde repentinamente la audición y nos frustramos a la par de él al no poder escuchar nada de lo que sucede en la escena a su alrededor. Luego alternan la subjetividad con el sonido diegético externo, como lo escucharíamos normalmente, creando un contraste sonoro constante. Con este simple detalle, la audiencia logra empatizar rápidamente con Ruben hasta el punto de sentir la misma desesperación al no escuchar más que murmullos lejanos. Inevitablemente, nos colocamos en sus zapatos y, a la vez que la trama avanza, estamos todo el tiempo cuestionando cuáles serían nuestras reacciones en una situación similar. Sumado a eso, aquellas escenas en las que Ruben se topa por primera vez con el lenguaje de señas, no hay subtítulos ni traducciones, por lo que quedamos tan desorientados y confundidos como el protagonista. Por ejemplo, en aquella escena en que Ruben se encuentra en la comunidad para sordos presidida por Joe (interpretado por Paul Raci), todos se encuentran sentados en círculo y se expresan exclusivamente por señas como una manera didáctica para que Ruben se vaya familiarizando forzosamente con el lenguaje. Inmediatamente, nosotros como espectadores sentimos la misma incomodidad de Ruben al no entender nada, porque no nos traducen lo que hablan los personajes en señas, por lo que se hace más íntima la identificación del espectador con el protagonista, al experimentar la misma situación a la vez que él.

En otras palabras, “Sound Of Metal” nos expone de manera breve a fragmentos episódicos del mundo de una persona que ha perdido la audición, experimentado desde adentro, como pasa con esos sonidos subjetivos del protagonista, y desde afuera, cuando nos presentan el sonido diegético externo, en escenas como cuando están todos los miembros de la comunidad cenando en el comedor junto con Ruben y solo se escuchan golpes en la mesa, masticadas y onomatopeyas que provienen del diálogo silencioso entre estos personajes que han perdido la audición. Incluso, cuando Ruben se somete a la cirugía y utiliza aparatos para escuchar, retoman el sonido subjetivo para ilustrarnos de manera sonora lo todavía imperfecto y poco natural del sonido que experimenta una persona con esos aparatos, tal cual como le pasó a Ruben, que debió simplemente adaptarse.

A nivel narrativo, el relato nos presenta una estructura de guion clara en cuanto a sus puntos de inflexión y el objetivo del personaje y, aunque no hay una fuerza antagónica encarnada en otro personaje, en todo momento sufrimos junto con el protagonista sus luchas, su desesperación, su confusión y dilemas. La desventaja narrativa es, tal vez, la falta de desarrollo de una subtrama o una línea de relación que explorara más a fondo otros perfiles psicológicos del personaje, más allá de su objetivo principal de recuperar la audición para reunirse con su novia Lou (interpretada por Olivia Cooke) y volver a los conciertos. Por un momento pensé, ante el evidente abandono de Lou, que desarrollarían una relación entre Ruben y la maestra Diane (interpretada por Lauren Ridloff), pero solo nos presentaron dos o tres escenas juntos y muy impersonales. 

Sin embargo, lo que nos mantiene aferrados a la historia en todo momento es la espectacular actuación de Ahmed, que fácilmente nos transmite su inseguridad e incomodidad, sus temores y nervios, no solo con la poderosa expresión en sus ojos, sino con el tono y ritmo con el que se dirige a Joe o al padre de Lou, siempre a la defensiva. Ahmed demuestra una versatilidad actoral prometedora al asumir roles protagónicos complejos que conectan con la audiencia y transmiten sensaciones. En cuanto al resto del elenco, me hubiese gustado ver más de Olivia Cooke, quien en el primer acto aportó gran dramatismo y fuerza a las escenas. Una gran intervención fue la de Paul Raci, como Joe, quien de verdad ayudó, de cierta manera, a extraer lo mejor de las escenas compartidas con Ahmed, logrando una excelente química y naturalidad en cada situación.

Como era de esperarse en una película que aborda temas sensibles de discapacidad física, la trama también nos lleva a la reflexión a quienes, afortunadamente, gozamos de todos nuestros sentidos y muchas veces no los valoramos o los tomamos por sentado, como algo que tenemos y no perderemos jamás. Nos invita a apreciar lo que tenemos desde otra perspectiva. No es solo escuchar, sino lo que escuchamos. No es solo ver, sino lo que vemos. No solo es hablar, sino lo que expresamos. Marder, quien también coescribió la historia, quizás nos deja un mensaje aún más filosófico y subliminal con la escena final, cuando Ruben camina por la ciudad con sus aparatos auditivos y se empieza a sentir abrumado por sonido de las campanas de una iglesia y los demás ruidos a su alrededor, hasta el punto de hacerle remover los aparatos de su cabeza para volver al completo silencio que antes le había desesperado. Su vida de bullicio como baterista heavy-metal había encontrado paz en el silencio de su discapacidad y le permitía disfrutar de aquello que veía a su alrededor, concluyendo, tal cual como Joe la había advertido antes, que ser sordo “no es una discapacidad”. Esto me recuerda a lo que expresó Charles Chaplin en la época en que las películas pasaron del silente al sonoro, negándose a hacer películas habladas porque consideraba que el sonido distraía a las personas de la imagen. Creo que el epílogo de “Sound Of Metal“, de alguna forma, también nos invita a concluir lo mismo que Chaplin pero aplicado a la vida diaria: aquello que escuchamos, los rumores, las críticas, los insultos, incluso las adulaciones, nos privan muchas veces de descubrir aquello que se inmortaliza irrefutablemente con la mirada. 

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