{Entrevista} Vanessa Ragone: 13 años del estreno de «El Secreto de sus Ojos»


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Foto: Vanessa Ragone (Imagen tomada por Mariana Avila-Llorente).
Hace 12 años, Argentina fue galardonada por segunda vez con el premio Oscar —el primero lo recibió en 1986 con «La historia oficial» de Luis Puenzo— en la categoría de Mejor Película en un Idioma Extranjero  por «El secreto de sus ojos», del aclamado director Juan José Campanella. A pesar de que actualmente ocupa la posición número siete de las películas más taquilleras de Argentina, no se puede negar que su estreno en 2009 reavivó las salas de cine y reanudó la fe del espectador argentino por el cine nacional.
Protagonizada por Ricardo Darín y Soledad Villamil, este drama cargado de intensos momento de suspenso estuvo a cargo de Tornasol Films de España y Haddock Films en Argentina, esta última cofundada por la productora y directora Vanessa Ragone, a quien tuve la oportunidad de entrevistar en 2012, vía telefónica, desde su oficina en la calle Ángel J. Carranza 1932 en Buenos Aires. Hoy, para celebrar los 13 años de su estreno, les comparto mi conversación con Ragone, una entrevista jamás antes publicada, a través de la cual la también productora de éxitos como «Betibú» (2014) y «Al final del túnel» (2016), nos habló de sus inicios en el cine y el impacto profesional de haber ganado el máximo galardón de la industria del cine hollywoodiense.

¿Dónde nació y creció?

En un pueblo pequeño de la provincia de Santa Fe en Argentina, que se llama Santo Tomé.

¿Cómo era el ambiente donde creció?

Vengo de una familia de intelectuales de la provincia. Mi madre era docente y mi padre fotógrafo, por lo que crecí en un ambiente de mucho estímulo intelectual con gente muy importante de la cultura santafesina y argentina que rodeó a mi familia durante toda mi infancia. Me criaron entre cineastas y escritores como Fernando Birri —director de ‘Los inundados’ (1961)—, Hugo Gola y otros artistas de la provincia que después fueron, en algún punto, más reconocidos nacional e internacionalmente.

¿De dónde conocía a Fernando Birri?

Fernando Birri fue muy amigo de mi padre en su infancia y fue como un padrino para mí. Lo conozco desde muy pequeña y luego pude trabajar con él en un par de películas, ya siendo mayor.

¿Cómo fue su adolescencia en medio de los aconteceres históricos de esa época en Argentina?

Bueno, mis padres tenían una inclinación política hacia la izquierda. A ambos los echaron de sus trabajos en 1976, durante el régimen militar. Esto marcó el fin de mi infancia y el comienzo de una adolescencia muy atravesada por la política, teniendo que resolver nuestra vida económica de una manera compleja, pero siempre teniendo muy en cuenta que no había que ceder a las presiones y que había que mantener las propias ideas. En ese espíritu me criaron. Pasé una linda infancia y una interesante adolescencia, pero siempre atravesada por la vida política de Argentina.

¿Cuándo empieza a interesarse por el cine?

Desde que era muy pequeña, entre los once o doce años, mi padre me regaló una cámara de fotos en mi cumpleaños. Yo sacaba muchas fotos, me divertía con eso, empecé a ganar concursos de jóvenes fotógrafos y a hacer fotos de grupos de teatros. La vida cultural de Santa Fe en esa época, pese a la dictadura, era muy linda e intensa; entonces, siempre estuve muy cerca de lo visual y lo audiovisual. Cuando terminé la secundaria, me interesé en estudiar cine, por lo que tuve que irme a Buenos Aires, ya que la antigua escuela de cine de Santa Fe estaba cerrada, por lo que hice un curso de ingreso de un año en el Instituto Nacional de Cine, porque eran muy pocas vacantes por año, que en ese entonces se llamaba el Centro de Experimentación y Realización Cinematográfica que ahora es conocido como la Escuela Nacional de Cine, donde actualmente soy docente.

Actualmente tiene su propia productora.

Sí. Soy gerente de dos productoras. Haddock Films es una productora en la que estoy asociada con Tornasol Films de España desde 2006 y Zona Audiovisual, que es mi primera productora original, en la que soy la única dueña.

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Foto: Javier Godino, Soledad Villamil y Ricardo Darín en una escena de El secreto de sus ojos (2009).

¿Cómo se involucró con el proyecto de ‘El secreto de sus ojos’?

Juan José Campanella y la productora Tornasol Films de España ya estaban trabajando en el proyecto de desarrollo de la película y en Argentina ya tenían a otro productor, Jorge Estrada Mora, quien es el productor habitual de Campanella, que iba a ser el socio argentino del proyecto. En un momento, ya bastante cercano a empezar la preproducción del filme, Estrada Mora dijo que no iba a poder asumir la responsabilidad de la producción, ya que tenía otros proyectos y no tenía la disponibilidad, así que mis socios españoles me ofrecieron tomar la parte de producción argentina y, bueno, por suerte lo hice, porque fue un éxito y un gran momento.

¿”El secreto de sus ojos” fue realizada con el propósito de hacerla recorrer los distintos festivales y premiaciones en los que participó y ganó?

No, esta película fue pensada para llevar gente al cine. Eso es lo primero que Juan José Campanella piensa cuando hace una película: comunicarse bien con el público, que estos pasen un buen momento y vayan a ver la película. Campanella es el director más exitoso de Argentina. Sus últimas obras han sido siempre exitosas, pero esta no la pensó para ir a festivales. Fue a festivales por su propia fuerza.

¿Cómo fue el proceso de inscripción de la película para el Oscar?

En Argentina existe una academia de cine argentino que es similar a la academia de Hollywood, en el sentido de que está conformada por técnicos, actores, productores y gente que participa activamente de la producción cinematográfica. Somos los miembros de la academia, los que una vez al año votamos la película que va a ir a los premios internacionales: como el Oscar, el Goya, el premio Ariel de México y los premios nacionales que aquí se llaman Premios Sur. La votación es anónima. En 2010,  El secreto de sus ojos arrasó con todas las votaciones ganando por mucho a la película que iba de segunda y así fue elegida para representar a Argentina en todos los premios internacionales.

Una vez que la academia argentina elige la película que los represente a los Oscar, ¿cómo es el protocolo que sigue la Academia de Hollywood?

La Academia de Hollywood evalúa la película que cada país presenta al Oscar. Luego, ellos preseleccionan nueve películas para competir y después, de esas nueve, eligen cinco. El proceso de decisión se da a través de ‘screening’ (muestra en pantalla) obligatorios en los Estados Unidos y votan determinados miembros de la Academia de Hollywood que no son todos, sino algunos en particular que pueden votar para la elección de las películas extranjeras. El trabajo que nosotros tenemos que hacer es lograr que la mayor cantidad de gente de la Academia vea la película en los ‘screening’. Estos votantes tienen que demostrar que han visto las nueve películas para poder votar. En nuestro caso, nosotros teníamos la película ya vendida a Sony en Estados Unidos y ellos se encargaron de hacer una buena gestión de los ‘screening’, invitaron a muchas personas y lograron que la película se viera; ya que nosotros no estrenamos la película antes de los premios Oscar y se tuvieron que realizar funciones privadas para que los que tenían que votar la pudieran ver.

¿Qué se siente estar allá arriba recibiendo el Oscar?

(Ríe) Eso es una cosa increíble. Es un sueño. Acá estoy viendo en mi pared las fotos de ese día y es una sensación imposible de explicar. Idílica. Toda la vida, creo que como todos, veía la ceremonia de los Oscar y me parecía algo absolutamente inaccesible, emocionante, fabuloso y, bueno, me tocó. Sin duda, fue un sueño cumplido. Como productora, por supuesto que tenía en mi cabeza el sueño de alguna vez, aunque sea llegar a tener una nominación o estar ahí sentada viendo la entrega de los Oscar, así que ni te cuento lo que fue estar parada del otro lado recibiéndolo. Además, recibiéndolo de manos de Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino. Es una cosa impresionante que te felicitara esa gente que toda tu vida has visto del otro lado, desde Meryl Streep hasta Keanu Reeves, era una cosa fantástica. Casi imposible de describir. Yo recuerdo ese momento y vuelvo a pensar que fue como un sueño y que quizás algún día me despierte.

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Foto: Vanessa Ragone en su oficina en Buenos Aires (Imagen tomada por Mariana Avila-Llorente).

¿Qué dice en la placa que lleva el Oscar?

En la parte del frente dice Academy Award to El Secreto de sus Ojos, Best Foreign Language Film of 2009, Argentina. Y detrás dice Haddock Films Argentina.

¿Dónde conservan el Oscar?

Son dos estatuillas. Una la tiene Juan José Campanella y la otra suele estar aquí en mi productora. En estos momentos la estatuilla está en España, como fue una coproducción con España, se la presté por unos meses a los socios españoles para que la tengan en Tornasol Films, pero, por lo general, la tengo aquí a mi lado. Suele estar cerca de mí.

¿Hubo algún beneficio después del Oscar o todo se mantuvo igual?

Seguramente para la película el beneficio fue grande, puesto que tuvo un éxito enorme de público y de ventas en todas partes del mundo. Igual, el cine es un proceso de producción muy caro y, en general, lo que uno gana en una película, si es productor, lo invierte en la siguiente. Habría que hacer varios El Secretos de sus ojos para sentir concretamente un beneficio económico importante. Desde el punto de vista económico, a la película le fue muy bien y nos ha permitido hacer otras, como Todos tenemos un plan que es de un nivel de producción alto para ser una primera película. Por otro lado, hay un beneficio inmanente, difícil de cuantificar, pero evidentemente, ser ganador de un Oscar abre ciertas puertas o uno es más escuchado, digamos (ríe). Siempre bromeo diciendo que la gente que antes no me atendía el teléfono es la que ahora me llama. Esa sería la diferencia (ríe). Algunas cosas se facilitan. De todos modos, cada película, cada momento y cada año es distinto y pide cosas diferentes. Sinceramente, yo empiezo cada película de cero, aunque definitivamente no es lo mismo ni desde la experiencia ni desde las posibilidades, pero nosotros seguimos trabajando de la misma manera, muy responsablemente y pensando cada proyecto por separado. Si el haber ganado el Oscar a veces simplifica alguna cosa, estupendo. No sé si hace una diferencia sustancial en el día a día. Sí puedo levantar el teléfono y comunicarme más o menos con cualquier persona que quiera, pero en lo cotidiano trabajamos igual que siempre: mucho.

82nd Academy Awards, Telecast
Foto: El director Juan José Campanella (al micrófono), la productora Vanessa Ragone (la quinta de izquierda a derecha) y los directores Quentin Tarantino y Pedro Almodóvar en la ceremonia de lo premios Oscar 2010.

Siempre bromeo diciendo que la gente que antes no me atendía el teléfono es la que ahora me llama.


Como productora, ¿Qué fue lo más difícil de lograr en ‘El secreto de sus ojos’?

Sinceramente, no hubo muchas cosas difíciles de lograr. Fue una película en la que nos organizamos muy bien, buen trabajo de equipo. En todo caso, el mayor desafío para mí fue pensar cómo lanzar y estrenar la película en Argentina en un momento en el que prácticamente no se estaba viendo cine argentino. La gente no simpatizaba mucho con el cine nacional. Entonces, lo más interesante fue pensar, junto a Campanella, los distribuidores, la estrategia de lanzamiento de la película para que efectivamente llamara la atención de la gente que se encontraba en un momento disperso o poco interesado en lo nacional. Teníamos que armar lo que Campanella llamaba la «masa crítica» de espectadores que fuera a ver la película, para que luego comentaran y, si su comentario era bueno, nos iba a permitir hacer semejante cantidad de público como el que hicimos.

Ambas películas argentinas que han ganado el Oscar revuelven el pasado histórico del país. ¿Qué importancia tiene el cine como máquina del tiempo hacia el pasado histórico de una nación?

El cine tiene una importancia fundamental en la revisión del pasado y mantenerlo presente para volverlo a estudiar con ojos nuevos. En 2012, la película candidateada para el Oscar 2013 en Argentina fue Infancia clandestina, que es del joven director Benjamín Ávila, producida por Luis Puenzo, la cual vuelve a revisar la historia del final del peronismo y de los ‘montoneros’ (organización guerrillera argentina que se identificaba con la izquierda peronista entre 1970 y 1979) con ojos del 2012 y de una persona mucho más joven y que lo vivió. Evidentemente, en todo el mundo, pero con seguridad en Argentina, el cine es un vehículo para revisar nuestra historia reciente, para repensarla y para tener una visión crítica también.

Uno de sus últimos proyectos fue ‘Todos tenemos un plan’, protagonizada por Viggo Mortensen, quien también la produjo. ¿Trabajó hombro con hombro con él en la producción?

Sí, él trabajó hombro con hombro con todo el equipo. Fue un compañero de trabajo excelente, muy cercano a nosotros, sin el cual hubiera sido muy difícil haber hecho esa película, ya que era una producción muy grande y compleja. Viggo, realmente, fue un colega, un socio y un compañero de trabajo estupendo y aportó muchísimo, además de su excelente actuación.

¿Ya había trabajado con Viggo Mortensen antes?

No. Era la primera vez. De hecho, pocos días después de que ganamos el Oscar se confirmó la posibilidad de que Viggo hiciera con nosotros Todos tenemos un plan y él vino a Argentina rápidamente, nos pusimos de acuerdo y empezamos a trabajar. Es extraordinario, porque sigue apoyando la película, tiene presente en qué festival se presenta, aunque él no pueda ir. No abandona el proyecto en ningún momento y eso es admirable.

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Foto: Vanessa Ragone (Imagen tomada por Mariana Avila-Llorente).

¿Cómo hace un guionista independiente para hacerle llegar un guion a su productora?

Tenemos un sistema bastante práctico. En nuestro sitio web www.haddockfilms.com hay una alternativa para enviar una sinopsis de cierta cantidad de páginas. No me gusta que me envíen guiones personas que no me conocen o con las que no tengo un trato habitual, porque los guiones son una obra autoral personal y prefiero leer guiones a los que tenga derecho a leer.  Así que, si me interesa la sinopsis que nos envían, hacemos una propuesta para leer el guion y firmamos para acordar que lo voy a recibir y a leer. Luego, si me gusta, conversamos y, si no, no. Nosotros tenemos un grupo de lectores que van viendo qué cosas nos pueden interesar de las sinopsis que envían para desarrollar. Ellos me comentan y yo procedo a pedir los derechos para leer el guion en un plazo de tiempo.

¿Cómo ve usted la evolución de la industria del cine latinoamericano actualmente versus el cine hollywoodiense?

Hay una gran producción de cine latinoamericano y muy buena. Sin embargo, me parece que hay un gravísimo problema de distribución. Lo peor que nos sucede es que no podemos exhibir las películas que hacemos. Este problema es en Argentina y en toda América Latina. Esto se debe a que no hay pantallas suficientes o las pantallas están, básicamente, compradas por las grandes películas norteamericanas. La lucha es muy desigual. Tampoco tenemos una buena circulación de películas latinoamericanas entre países latinoamericanos. Es decir, yo, en Argentina, no logro ver una película colombiana, porque no se estrenan. En Brasil, no logro ver más que una o dos películas argentinas en todo el año, que son las que han tenido más éxito, cuando en realidad, Argentina produce entre 80 y 100 películas por año. Una película peruana no se ve en Argentina, como tampoco una película chilena o mexicana; hace años que no se estrena una película mexicana aquí. Me refiero a estrenos comerciales con una aspiración de público, no a una película exhibida en un festival. Aquí se estrenaba, años atrás, las películas del [director mexicano] Arturo Ripstein, las películas colombianas, las cubanas. Es inexistente, en este momento, esa circulación de películas latinoamericanas entre países latinoamericanos. Eso hace que se haga muy difícil plantarnos. Somos un mercado gigantesco, si sumamos toda Latinoamérica y Brasil, y nos conformamos como mercado, porque no circulan las obras entre nosotros. Y eso es una gran pena. Inclusive, es muy difícil coproducir películas con otro país latinoamericano. Yo tengo muy buenos amigos y socios productores en Colombia, algunos que participaron en Todos tenemos un plan, y si yo quiero hacer una coproducción colombiana es muy difícil encontrar los elementos en común para que podamos hacer una película que funcione en ambos territorios. Eso se debe a que no nos estamos conociendo lo suficiente y hay algunas barreras culturales, inclusive en estilos del idioma, de acento, que se han fijado fuertemente y que no nos permiten la circulación. Entonces ese es el mayor problema, mientras que el cine hollywoodiense se distribuye fácilmente en el mundo entero.

Cinco películas latinoamericanas que nos pueda recomendar.

La estrategia del caracol (Colombia, Francia e Italia), Profundo carmesí (España, Francia y México), La teta asustada (España y Perú), El romance de la Aniceto y la Francisca (Argentina) y El secreto de sus ojos.


Hay una gran producción de cine latinoamericano y muy buena. Sin embargo, me parece que hay un gravísimo problema de distribución. Lo peor que nos sucede es que no podemos exhibir las películas que hacemos. Este problema es en Argentina y en toda América Latina. Esto se debe a que no hay pantallas suficientes o las pantallas están, básicamente, compradas por las grandes películas norteamericanas. La lucha es muy desigual.


Las tres mejores películas argentinas de todos los tiempos.

El romance de la Aniceto y la Francisca, Los inundados, y La ciénaga.

¿Con qué director le gustaría trabajar algún día?

Me gustaría producir a muchos directores. Uno que me gustaría es John Sayles. También me encantaría hacer una película de la directora argentina Lucrecia Martel, que es mi amiga y la quiero mucho, pero no han coincidido nuestras tareas profesionales. Y seguramente con muchos directores que estoy por conocer, porque la verdad es que hay un talento increíble en directores que veo constantemente y que seguro a alguno de ellos voy a querer producir pronto.

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